El encuentro casual
Andando,
recorriendo la calle Gran vía de Madrid. Casi no hay gente, el frío es intenso,
varios centímetros de nieve cubren la acera, y la calzada llena de sal está
prácticamente inutilizada, pocos son los coches que recorren esta céntrica
calle de Madrid.
El paisaje idóneo para mí, frio, nieve,
viento, niebla y sobre todo tranquilidad y soledad. –Suelto una grata sonrisa
de satisfacción y placer.
Ojala
todos los días fueran asi –Dije en voz alta- Aunque… claro si todos los días
tengo que huir a Madrid para refugiarme y calmarme…. –Comente en un tono más
bajo.
Sigo
recorriendo la calle, pese al frío llevo el abrigo y la sudadera desabrochada y
para evadirme del mundo llevo mis cascos a máximo volumen, escuchando a mi
cantante favorito. Mientras tanto, los copos de nieve se van sepultando en la
solapa de mi abrigo, en los coches aparcados, en los bancos que hoy se encuentran
libres y mientras tanto ni una decena de vehículos circulan por la calle,
mientras que por la acera me encuentro solo, al menos lo poco que puedo ver
debido a la niebla.
-Es
curioso como la música puede hacer varias nuestro estado de ánimo –Pienso mientras
sigo caminando.
El
frío y el mal temporal no ha impedido que algunos negocios sigan abiertos pero
la afluencia de clientes es prácticamente nula, paso por delante del Mcdonals y
no puedo evitar fijarme en que solo hay dos clientes, una pareja tomando un
café. Sigo andando a cada paso una huella dejo marcada sobre la fría nieve,
cada vez queda menos para llegar a uno de mis sitios favoritos para intentar
desconectar o al menos para estar rodeado de gente, la plaza de Callao, está
ligeramente menos desierta. Vigilada por una pareja de la policía local que se
encuentran dentro de un coche patrulla, un sin techo resguardado del temporal
por unos simples cartones y un cámara de televisión junto a una reportera que
estaba apuntando cosas en su libreta. Me llama la atención que el tan conocido
cartel de schweppes se encuentre apagado. También que no haya ningún turista,
pero no es de extrañar los medios de comunicación han catalogado como alerta
roja por temporal en todo Madrid, y el trasporte público está bajo mínimos,
Solo algunas líneas del Metro están operativas, las que tienen parte de su
recorrido en la superficie y no bajo tierra están cerradas, y las que están
abiertas el tiempo de espera del tren es mínimo de 25 minutos. Las líneas de
Cercanias de Renfe se encuentran cerradas, los autobuses inoperativos ya que el
temporal que se esperaba no tiene ni punto de comparación con el que estamos
pasando, y las máquinas quitanieves no han podido trabajar en casi todas las
carreteras y autovías de la capital.
Decido
sacar mi móvil y fotografiar la escena, y decido sentarme en uno de los bancos
de dicha plaza, aparto la nieve de este y me siento
-Asco
de vida –Exclamo en voz alta
-Caballero
no se debería quedar aquí, el temporal de nieve empeora por momentos –Una voz
dice a mi espalda
Al
girar la cabeza compruebo que se trata de uno de los policías que se
encontraban en el vehículo. Era bastante alto, rondaba el metro noventa, pelo
corto o calvo, no se veía dado que se cubría con su gorra, no era gordo pero
tampoco delgado.
-Si
se encuentra lejos de su domicilio le podríamos acercar –Añadió el policía
-Se
lo agradezco, pero no se preocupe, vivo por esta zona –Le respondí
-Como
usted vea caballero, Que pase un buen día –Se dio media vuelta y regreso en al
coche
Decidí
seguir mi camino, no quería preocupar a ese policía, supongo que se extrañó de
ver a alguien de mi edad por la calle con este temporal. A punto de llegar a
Plaza de España, veo a una figura sentada en un banco, aunque debido a la
niebla no la puedo ver bien. Poco a poco, paso tras paso, puedo ver mejor la
figura, era una chica, llevaba un abrigo de color blanco, tan blanco que se
fusionaba con el color de la nieve, me fijo en su rostro, bueno lo poco que
puedo contemplar ya que estaba tapado por sus manos, mejillas ligeramente
blanquecinas, tiene el pelo largo, su color marrón claro. Sigo aproximándome a
ella, iba a pasar de largo y seguir mi camino, pero su leve gimoteo de tristeza
me lo impedía, odiaba ver mal a la gente y no pararme a ayudarla, siempre ayudo
a mis amigos y amigas cuando se encuentran mal, sea la hora que fuera. Mientras
que con la gente de la calle rara era la ocasión en que me ofrecía a ayudar, ya fuera por timidez o porque me daba igual
al ser una persona desconocida. Pero esta vez sentía que era diferente, un día
como este, que se encuentre en la calle y de este modo, es que algo la ha
pasado
-A
lo mejor ha perdido la cartera, o sea ha perdido y no sabe cómo regresar a su
casa, o puede que la haya pasado lo mismo que a mi… -Empiezo a especular en mi
cabeza.
Un
par de pasos más me bastan para poder ver unas lágrimas cayendo de sus ojos y deslizándose
por su cara. Lagrimas casi congeladas, que muestran su dolor oculto. Sigue
nevando cada vez con más intensidad, varios copos de nieve se posan en el
cabello de la chica desconocida. Ella ni se inmuta, sigue sentada, con los
codos apoyados en las rodillas y sus manos tapando su rostro. El único movimiento que realiza es el de
soltar lagrimas. Tras llegar a su lado, ella se percata de mi presencia he
intenta esconder sus lágrimas y así evita llorar aumentando así más amargura en
si por no poder desahogarse. Un extraño sentimiento me invade, siento que
quiere que me vaya pero a la vez parece pedir ayuda desesperadamente, así pues,
decido sentarme junto a ella, el motivo de porque tome esta decisión y no otro,
la verdad, no lo sé, simplemente algo me llevo a querer ayudarla. A los pocos
segundos de que me sentará, aparto su mano izquierda de su rostro y giro la
cara ligeramente, para así mirarme y aprovechando esa mirada la dije:
-Hola
¿Estas bien?
-Si
quieres me puedo ir y así no molestarte. Añadí en un todo de tristeza y algo melancólico
-No
–Me contesto sin apenas mover los labios, con un tono de esperanza pero a la
vez de miedo –Ho…Hola
Ese
simple ``hola´´ se adentró rápidamente
en mí. Pude notar su dolor pero a la vez una dulzura increíble.
-Se
que no me conoces de nada pero.... no me gusta ver a la gente llorar y aunque
llorar sirva para desahogarse, cuando veo a alguien así me gusta ayudarla. Así
que.... si necesitas hablar... pues aquí tienes a alguien y en ocasiones hablar
con gente que no conoces es más fácil por ese mismo hecho. La dije en su mismo
tono de voz e intentando igualar su dulzura.
El
sonido del viento junto al de los pocos coches que circulan por esta céntrica
calle de Madrid era lo único que se oía, prácticamente nuestras voces tapaban
esos ruidos excepto cuando el viento soplaba con mas fuerza, a diferencia de casi todos los días en los que
las voces de los cientos de personas que transitan esta vía junto a los
autobuses y coches impiden que se pueda hablar en un tono bajo
-Gracias...
–Contestó –Tu rara preocupación por lo que me pasa es más de la que he recibido
en mucho tiempo, pero me temo que no seré capaz de contarte porque estoy así,
aunque te lo agradezco.
Otra
lágrima cae por su cara y se desliza hasta perderse en su mejilla que está
cubierta por su largo cabello ligueramente blanco, producido por la nieve que
ha ido cayendo, al igual que el mío.
-Es
más que comprensible que no quieras contármelo, pero quiero ayudarte, tengo que
conseguir que dejes de llorar y así conseguir que dejes de estropear tu piel
con esas lágrimas que aun que consuelen tu alma dañan tu ser –La dije –Así que ¿Por
qué no me cuentas que te pasa y así poder saber cómo evitar que llores más?
-Digamos
que…No todo es tan bonito como debería ser…-Se vio obligada por si misma a
parar debido a que se puso a llorar
Decidí
sacar el de seda que me regaló mi abuelo hace ya un tiempo, aún conserva sus
iníciales grabadas, por suerte aguantaron al paso del tiempo.
-Ten,
sécate con esto. La gente no debe llorar, si es por una tragedia es
comprensible, pero si alguien te ha hecho llorar por esa persona no debes
llorar pues así solo sufrirás tú.
Con
el pañuelo en mi mano derecha, se lo acerco a la cara. Ella aleja sus manos de
su rostro, acto seguido me miro, pude ver así sus ojos marrones casi color
miel, ahora llorosos y tristes pero claramente preciosos. La seque las lágrimas
y me quede mirándola a los ojos, intentando evitarlo pero no fui capaz, era una
fuerza que me podía pero a la vez temía que se sintiera incomoda. Sin quererlo se me escapa un alago.
-Eres
preciosa. Dije en un todo avergonzado y bajo
-El
físico como el dinero solo es algo
temporal y que usara la gente para atacarte por ese mismo interés. Contesto
ella.
-Cualquier
cosa que otro ser humano no tenga, la va a querer y si no lo consigue atacara a
quien la tiene para poder sentirse superior ante la susodicha persona -Replique
Su
cara daba a mostrar su dulzura e inocencia. Aunque deducir la edad no es lo mío
ello no tendría más de 18 años posiblemente 17 para 18. Seguía mirando a los
ojos, esos ojos llorosos y preciosos, interpretando su mirada y veía que pedía
ayuda o consuelo con su mirar. A los pocos segundos vuelve a su posición
inicial, obligándome a guardar el pañuelo en mi bolsillo y así alejar mi mano
de su cara.
-Gracias...Eres
muy amable y simpático, pero por experiencia se que quien es amable con alguien
que normalmente no lo es, es que algo quiere obtener.
-Por
suerte o desgracia sé que es cierto eso que dices. Pero si por algo destaco es
por ser diferente a los demás. Pero tienes razón una cosa, sí que quiero
conseguir algo.... y es que no llores más.
Me
respondió con una ligera sonrisa, me alegré de ello y correspondí con otra. De
repente y sin explicación aparente, se levantó y los copos de nieve que se
habían depositado en ella se cayeron al suelo.
-Lo
siento he de irme, me esperan en casa y si no regreso pronto se preocuparan.
-¿Nos
volveremos a ver? Pregunte alarmado
-Como
dice la sabiduría popular...``Lo que ha de ser será´´ pero sería una pena no volver a verte así que
este es mi número de teléfono. Ya que tú me has intentado ayudar, te pido que
si necesitas que alguien te escuche no dudes en llamarme.
Saco
de su abrigo una tarjeta de papel y extendió su brazo hacia mí para que cogiera
la tarjeta.
-Va...vale
-Respondí y cogí el papel que me ofreció.
-¿Por cierto
cómo te llamas? Pregunté
-¿Mi
nombre? Bueno tu me puedes llamar Susana ¿El tuyo cual es?
-¿EL
mío? Pregunte nervioso. Me llamo Ángel
-Encantada
y gracias por intentar animarme pero eso nadie puede conseguirlo.
-Encantado
y aunque nadie haya podido hasta ahora no significa que no puedan en un presente o futuro –La replique
Susana
echo a andar, al llegar al final de la calle que hace esquina con otra, la atravesó.
Poco a poco su figura se perdió con el paisaje. Al llegar a la otra calle puede
ver que se subía a un coche, solo una persona se encontraba en el coche, intuí que era su padre.
Algo
confuso por lo que acaba de ocurrir aún no me había levantado del lugar y tenía
en mi mano derecha su tarjera, decidí leerla
``Nombre:
Susana Teléfono: 7452143652
Correo
electrónico: Susanita@hotmail.com
Profesión:
Actriz y modelo´´
Me
quede algo perplejo al ver la tarjeta, juraría no haberla visto en ninguna película
o serie de televisión, puede que al igual que yo acabara de empezar en este
mundo. Me quedo contemplando el sitio donde ella se había sentado y estúpidamente
intente recrearla con mi imaginación, cuando algo me llama la atención, había
una bufanda rosa
-No
recuerdo que llevara alguna –Dije en voz alta –De todos modos me la llevare por
si acaso y así tendré una excusa para volver a verla
Me
levante y miré el móvil, eran casi las nueve y media de la noche y debía
regresar a casa, no porque tuviera hora, si no, porque el tiempo estaba
empeorando. Me levante, agarre la bufanda con la mano y eche a correr, pero debido
a la nieve a los pocos metros me caí al suelo, por suerte nadie lo vio, después
de esta torpeza decidí andar con tranquilidad. Al llevar al metro me llamo la
atención que no hubiera nadie vigilando así que en un acto de adrenalina decidí
saltar el torniquete y colarme en el metro y como tenía el billete para viajar
todo el mes, si me lo pedían no me dirían nada, fue una tontería pero eran
estas tonterías las que me daban alegría. El tren llego en tan solo tres
minutos, me monte en él. En esta ocasión no me encontraba solo, éramos como
unas veinte personas en todo el tren. Las estaciones fueron pasando una a una y
no podía quitarme de la cabeza a aquella chica, Susana, que escasos minutos atrás
había conocido. Recordaba su linda cara, llamativos ojos y su gran tristeza y
amargura. Tras un buen rato llegué a mi parada, me baje y al salir del metro
respire aliviado, conseguí llegar a casa pese a los problemas en la red de
trasportes. Entre en mi casa, solamente un gran silencio podían captar mis oídos,
como no, me encontraba solo en casa. Como cada vez que llegaba a casa iba a la
nevera, cogí una coca-cola y me dirigí a mi cuarto, encendí mi ordenador, una
vez encendido puse música y eleve el volumen al máximo. Los altavoces cumplieron
su labor y la reprodujeron. Suena una de mis canciones , como el cantante,
favoritas. Cada letra de las canciones alimente mi alma y me ayudan a desconectar,
pero antes de huir a mi mundo imaginario, ósea el de los sueños donde todo es
posible gracias a los sueños lucidos, decido
mirar mis perfiles en las redes sociales.
-Más
de lo mismo –Suspiré -Amigos más falsos que las promesas electorales.
Comentarios en fotos, fotos en las que salgo sonriendo pero en las que realmente
tristeza y amargura sentía. Decido salir de estas redes por hoy y enviar un SMS
a la tal Susana. Busco la tarjera que me había entregado, pero no la encuentro,
un vuelco al corazón me da, pero tras buscar bien apareció y pude respirar
aliviado y escribirla este SMS:
``Hola
soy Ángel, el de esta tarde, sé que es de noche pero quería que
Tuvieras
mi número por si te encuentras mal y quieres hablar. A creo
Que
te dejaste una bufanda sora ¿Es tuya? Buenas noches´´
Subo el volumen de la música, el
sonido de la guitarra y del piano traspasan mi cuerpo dando vida a mi corazón
mientras que la voz del cantante se apodera de mis oídos. Voy cerrando los ojos
y sigo pensando en Susana la chica desconocida, hasta que por fin al mundo de
los sueños viaje.